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Para pretender un Programa de Gestión de la Calidad y BPA que se
adecue a las condiciones del país, es necesario conocer las
características particulares nuestras, relativas a la geografía, los
recursos naturales y las gentes que lo conformamos.
Una referencia especialmente importante y muy recomendable para este entendimiento la
constituye el siguiente trabajo: Brack, Antonio y Mendiola, Cecilia.
Ecología del Perú. Editorial Bruño. Lima. |
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Parte importante de ese conocimiento es saber que la Cordillera de los
Andes, es el monumento geográfico clave en el desenvolvimiento histórico
de nuestro país.
En la tesis más aceptada, la Cordillera se forma hace varios millones
de años como resultado de la compresión del continente sudamericano (que
se desplaza hacia el Oeste) contra la Placa de Nazca (que lo presiona
hacia el Este). Se entiende que esta elevación aún continúa.
La Cordillera impacta los climas tanto de Costa, Sierra y Selva.
Igualmente, y entre otros aspectos, condiciona espacios habitables,
particularmente dispersos en el meso y alto ande. |


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Esta misma Cordillera constituye el factor más importante que explica la
gran variedad de sistemas ecológicos de nuestro país.
Al interior de las grandes zonas geográficas (Costa, Sierra y Selva),
se diferencian estos sistemas, tanto en la altitud como en longitud. De
tal manera que por ejemplo, las propuestas para la Sierra de Cajamarca
habrán de distinguirse de aquellas que se pretendan para la sierra de
Puno. |


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En correspondencia, la topografía del Perú está caracterizada por su
complejidad. Transversalmente semejan una silla de montar, con
distribuciones desiguales según donde se efectúe el corte.
A lo largo de la historia, los énfasis de desarrollo han estado
localizados: en forma equilibrada en la época prehispánica, y desplazado
este énfasis hacia el litoral posteriormente hasta la fecha. |

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También como consecuencia de esta compresión y levantamiento
continental, la formación y acumulación de riqueza mineral es evidente,
y es igualmente variada, tanto en edad como en tipos de minerales.
Debido al carácter no renovable de este recurso, y a la abundancia
mencionada, su explotación racional debe servir principalmente para
financiar el desarrollo de las localidades en cuyos espacios se
encuentran estos minerales. |
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También caracteriza al Perú su riqueza ictiológica. La variedad de
corrientes marinas explican ello.
De una parte, y en la zona fría, se distinguen corrientes que
circulan de sur a norte, aparentemente empujadas por el llamado
Anticiclón del Pacífico al sur del continente. En este mismo espacio se
localizan también corrientes que provienen del oeste hacia el litoral.
El encuentro de estas corrientes provoca turbulencias en las aguas, que
a su vez ocasionan el levantamiento del plancton, base de la
alimentación de los peces. La presencia de éstos, provoca también la de
las aves que se insertan en la cadena trófica. Los excrementos de estas
aves, caen en su mayor volumen al mar cerrando el ciclo, o se emplazan
en las islas de donde se aprovecha el fertilizante natural conocido como
guano. Vía este abono resulta también enlazada la agricultura.
En el norte, una corriente que proviene del oeste, calienta las aguas
condicionando el ambiente marino para otros tipos de peces, configurando
una riqueza pesquera diferenciada de la de las aguas frías. El excesivo
calentamiento de las aguas del norte, asociado a esta corriente, provoca
temporalmente el llamado Fenómeno del Niño, con presencia inusual
de lluvias en el norte y otras variaciones del sur, condicionando
también a la agricultura y a la propia vida de las poblaciones del país. |
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En el postulado más aceptado, el hombre llegó a nuestro país, desde el
norte alrededor de los catorce mil años antes de Cristo, ocupando
progresivamente todo el actual espacio del Perú, y cubriéndolo de
variadas evidencias de trabajos en construcción y agricultura, entre
otros. El énfasis de culturas importantes en la costa, y aparentemente
por el impacto de los fenómenos climáticos adversos, dio paso a las más
significativas asentadas en la sierra, representadas por Chavín -
Tiahuanaco - Wari y finalmente la cultura Inca. El núcleo de la
agricultura de entonces se daba en el ayllu, con áreas comunes y trabajo
de cooperación y reciprocidad, pero que fundamentalmente permitía la
integración del hombre con la naturaleza. Aunque el estilo suele ser
llamado agricultura andina sus alcances vivénciales van más allá
de lo que actualmente entendemos por agricultura.
La intrusión brusca de la cultura occidental, altera los patrones
ancestrales, destroza el sistema de los ayllu, y a través de las
encomiendas y composiciones, instala el de las haciendas. Organizadas
inicialmente en la vecindad de los centros urbanos, su explotación se
orienta a la alimentación de los mismos, impulsando la incorporación de
otros cultivos.
El sistema de haciendas, que se mantiene en la época de la República,
usualmente ávido de grandes extensiones, y en un país donde las tierras
apropiadas para el cultivo son escasas, empuja al asiento y uso comunal
de tierras marginales. Y como sostenían pensadores importantes del siglo
pasado, la agricultura peruana se constituyó fundamente en un tema
social, tanto por la relación área/hombre como por las condiciones de
vida de éste, particularmente de muy escasa instrucción. Ello, a
diferencia de la opinión de Basadre, quien remarcaba la idea de que
además de un asunto social, era también uno de índole productiva.
La Reforma Agraria de los años 70 del siglo pasado, rompe el sistema
de hacienda e instala un sistema de manejo asociativo (fuertemente
cooperativo), trasladando la propiedad de la tierra a los trabajadores
de entonces. A partir de los 80 se permite oficialmente el
fraccionamiento de las cooperativas, en una multitud de pequeñas
propiedades que caracteriza la estructura agraria actual. |
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De esta manera, cualquier propuesta seria de difusión de la Gestión de
la Calidad, tendrá que tomar en cuenta el predominio de la pequeña
propiedad, que en el caso del Perú, tiene connotaciones particulares. A
diferencia de la pequeña propiedad agropecuaria de otros países, la
nuestra se asienta en las mejores tierras, y tiene una vocación
comercial.
De otra parte, también se reconoce históricamente un trabajo
individualizado de los suelos. El trabajo en pequeño, y cercano a
la tierra, es el que explica la gran cantidad de especies domesticadas,
así como el sinnúmero de variedades logradas. Algunas de estas prácticas
de reconocen en predios de la Sierra, y también hay que tomar en cuenta la
presencia en la costa de inmigrantes serranos.
Debido a la procedencia explicada previamente, el agricultor de ahora
ya no es joven y su nivel instructivo muy bajo. Sin embargo, es
alentador la presencia de hijos de ellos con educación superior, y que
tienen en los predios una oportunidad de trabajo agrícola mejor
calificado. |
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